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Dentro de unos día se cumplirán veinte años desde de la aprobación de la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, esencial documento firmado por 189 Estados, resultado de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer.

Este texto de referencia continúa orientando el trabajo mundial contra las restricciones y los obstáculos al empoderamiento de las mujeres en todo el mundo y su importancia como guía para alcanzar la igualdad de género no ha disminuido. Abarca 12 esferas de especial preocupación (pobreza, educación, salud, violencia, economía, ejercicio del poder y adopción de decisiones, medio ambiente, niñas), tan relevantes hoy en día como hace 20 años, e identifica objetivos estratégicos y medidas que gobiernos y otras partes interesadas deberían adoptar, a nivel nacional, regional e internacional.

Para la misión y trabajo de nuestra Fundación esta Conferencia y su Declaración tienen especial significación. Tras reflexionar sobre los escasos resultados obtenidos en el tema de la igualdad de géneros, pese a la organización de eventos internacionales, se decidió impulsar con más ímpetu la conciliación y la necesidad de adoptar nuevas medidas para conseguirla. Se concluyó que mientras las mujeres fueran las únicas responsables de las tareas domésticas y de cuidado, la igualdad no era posible, por lo que debía incidirse también en el cambio en los hombres.

Otras Conferencias anteriores (México 1975, Copenhague 1980 y Nairobi 1985) centraron sus objetivos en conseguir la igualdad legal de mujeres y hombres e incentivar la participación de las mujeres en el mercado laboral y en el público, pero sin ninguna referencia explícita a la otra parte, los hombres. En 1995 se produce un giro, los hombres van a ser considerados como sujetos que tienen poder e influencia para el cambio, por lo que hay que modificar su rol anterior y exclusivo de proveedores/público e incorporarlos también al ámbito doméstico, de cuidado.

La conciliación significa precisamente eso, que las mujeres no realicen dos roles, ´el de dentro y el de fuera´, sino que ambos ámbitos sean compartidos por los dos géneros. Esto supone una des-especialización de los géneros y una ocupación de los espacios público y doméstico/familiar por individuos, más que por géneros. Tarea ardua como sabemos. No existe ningún movimiento masculino que presione por la incorporación de los hombres al ámbito doméstico.

Seguiremos atentos a la asunción de compromisos por parte de los Estados participantes a la reunión de alto nivel que se celebrará en Naciones Unidas en Septiembre, con ocasión de este vigésimo Aniversario. Todavía queda mucho por hacer para acabar con la desigualdad de género en sueldos y oportunidades, con la baja representación de mujeres en los cargos de liderazgo público y privado, con el matrimonio infantil o con la violencia que sufren mujeres y niñas.

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