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En los últimos días toda una serie de noticias nos han recordado el bajo índice de fecundidad que se viene dando en España (1,3 hijos/mujer) y sobre como nos estamos convirtiendo en un país de viejos. Tenemos cada año un déficit de unos 250.000 nacimientos respecto de los necesarios para asegurar la sostenibilidad de la población, y aunque la mayoría de los españoles quisiera tener más hijos, la realidad es que estamos lejos de asegurar el reemplazo generacional, encontrándonos en el vagón de cola de la natalidad en Europa.

La demografía es lenta pero inexorable. Que la natalidad descienda no es solo una cuestión de ´orgullo y de supervivencia´ de una determinada sociedad, sino que tiene consecuencias socioeconómicas muy importantes. Sigue la secuencia: en una sociedad en la que no nacen niños, la fuerza laboral (y posiblemente la innovación) envejecen, menos gente implica menos consumo e inversión, el aumento de casas vacías supone su desvalorización y, finalmente, el aumento de fondos públicos destinados a pensiones y el cuidado de mayores conlleva inevitablemente menos recursos públicos para otros sectores y colectivos.

¿Qué podemos hacer? En primer lugar, habrá que mandar mensajes positivos en los medios de comunicación acerca de la importancia de que las personas decidan tener hijos. Claro, si ese deseo ya existe, las personas necesitarán mayores apoyos económicos para hacerlo realidad, por ejemplo, desde el sector público, vía ayudas y servicios públicos adecuados y, obviamente, desde el sector privado, con unas políticas empresariales y un mercado laboral ´propicios´ y facilitadores de ese deseo. Aquí, no solamente nos referimos a contratos estables y salarios adecuados, sino a todas las demás condiciones de trabajo que fomentan y permitan la conciliación de la vida laboral, familiar y personal.

Para lograr esta implicación del sector privado, debemos convertirnos en agentes de cambio en nuestros lugares de trabajo y es importante que, desde hoy, busquemos aliados y sensibilicemos sobre la conciliación y la importancia de que ésta se convierta en un asunto más de los incluidos en la negociación colectiva: que exista un responsable de ´conciliación´, que se potencie el trabajo por objetivos, que se racionalicen los horarios y se establezcan medidas como bancos de horas, que se elaboren mapas de recursos internos y externos de apoyo al cuidado de menores, que se adopten medidas que rompan estereotipos, etc. Solamente así podremos lograr que todos los sectores de la sociedad se corresponsabilicen ante esta realidad.