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Pues bien, si hace unos días abogábamos por la necesidad de una mayor duración de la baja/descanso por maternidad y paternidad, hoy os compartimos una noticia no muy halagüeña sobre este tema, y es que el pasado 1 de Julio, la Comisión Europea anunció su intención de abandonar la revisión de la actual legislación sobre el permiso de maternidad, es decir, dejando paralizado el tema de su ampliación a 20 semanas.

Sí, es verdad, sabemos que estas bajas parentales no son en absoluto las únicas medidas necesarias que permiten conciliar el trabajo con la vida privada, y somos plenamente conscientes de que se hace especialmente necesaria, ahora más que nunca, la aprobación e implementación de una política pública de cuidados infantiles, comprensiva y adecuadamente financiada. Es de sentido común que la ausencia de apoyos económicos e infraestructuras adecuadas y suficientes para la atención de los niños, contribuyen de forma decisiva a que la realidad de la dificultad para conciliar no cambie sustancialmente.

No nos detendremos ahora en la falta de participación equitativa de los hombres para asumir los cuidados, que puede comprobarse claramente en los datos que nos muestran la cantidad de excedencias para el cuidado de hijos de forma diferenciada entre hombres y mujeres, sino estrictamente en lo que sucede una vez finalizadas las bajas en relación al cuidado de los niños. ¿Qué ocurre cuando se vuelve al trabajo, cuando hay necesidad de cuidados infantiles fuera de la familia?

Pues bien, los cuidados infantiles los pagan habitualmente los padres, y sabemos que pagar un cuidador de confianza o llevar a un bebé a una guardería de calidad puede ser muy caro. Muchas veces está fuera de las posibilidades de las familias con rentas bajas o incluso medias, de manera que no les queda más remedio que, o repartirse el tiempo para cuidar de los niños – en caso de padres que puedan trabajar a distintas horas, o bien reducir su actividad laboral (habitualmente la de la madre) y en consecuencia, su renta. También pueden dejar que sus hijos reciban cuidados de ´menor´ calidad. Pero cualquiera que sea su elección, no parece la idónea.

Como constatan muchas investigaciones, las consecuencias de la falta de acceso a cuidados asequibles y de buena calidad van más allá del bienestar de los niños y sus familias, y afectan al desarrollo socioeconómico de toda la sociedad, a la promoción de la igualdad de género, a la defensa de los derechos de los niños, y al crecimiento de la economía nacional.

Es por ello que desde la Fundación Baby Essentials Mi mamá me cuida, abogamos por políticas publicas bien estructuradas en torno a los cuidados infantiles, con medidas diversas e innovadoras, que abarquen desde formas de ayuda económica a los progenitores, como vales, fondos o subvenciones (ej. prestación única por nacimiento, prestación complementaria por cuidado), las guarderías in situ para bebés en centros de trabajo, la educación infantil pública y gratuita desde los cero años, los cuidados extraescolares públicos para niños en edad escolar (antes y después del colegio, durante las comidas, y en vacaciones) y los cuidado públicos de refuerzo para emergencias.

Noruega es uno de los ejemplos que deberíamos seguir,  y es que presta un gran apoyo económico y social a las familias: la ley otorga a la madre 46 semanas de baja con el 100% del sueldo -o de 56 semanas con el 80%-, además de reservar 10 semanas solo para el padre; las familias tienen derecho a una prestación económica por cada hijo de 125 euros al mes, hasta la mayoría de edad; existe además un programa de guarderías públicas y subvencionadas, con las que el Gobierno garantiza una plaza a todos los menores. Si se prefiere no llevar al pequeño al jardín de infancia, la familia tiene una prestación de un máximo de 5.000 euros por niño y año (hasta que cumplen tres). El equivalente a lo que costaría una plaza en esos centros. Los padres pueden coger tres años de permiso sin sueldo para cuidar a los niños. Además, todos tienen 20 días al año para quedarse en casa si sus retoños están enfermos.

Quizá los niveles noruegos son muy ambiciosos inmediatamente pero, por favor, no olvidemos que hace 13 años, en la cumbre de Barcelona de 2002, los Estados de la UE establecieron unas metas sobre los cuidados infantiles para el año 2010: 33 por ciento de cobertura para los menores de 3 años y 90 por ciento de cobertura para los niños entre 3 años y la edad escolar obligatoria. ¿Sabe alguien que ha sucedido? Deberíamos luchar para estos compromisos positivos alcanzados no se olvidaran.